¿CÓMO RECOMPENSAR?


Las recompensas de conductas deseables actúan como refuerzos que hacen que el niño se sienta bien por lo que ha hecho y quiera hacer lo mismo más a menudo. Por lo que proporcionan motivación.
La primera vez que el niño dijo papá o mamá, usted reforzó la conducta con sonrisas y caricias. El niño comprobó lo agradable que esto era.
La primera vez que se elevó a la mesa de la cocina y alcanzó la caja de galletas, su recompensa fueron las galletas. En ambos casos, su conducta inicial fue recompensada por los resultados.
No siempre es fácil la elección de una recompensa apropiada para las conductas correctas del niño. Es un tema de una labor detectivesca, sentido común y un poco de imaginación para detectar qué le puede gustar al niño. Se sugiere preguntar a los niños más mayores qué les gustan para así tener la información necesaria, y también para poder seguir manteniendo el control de la selección.

Para ello les damos unas pautas que les resultarán de gran ayuda para poder conseguir de manera satisfactoria el comportamiento requerido.

1) Hacer un cuestionario para ayudarle a lograrlo.

Sugerimos que se haga un cuestionario de las preferencias del niño. Dado que las preferencias del niño cambian con frecuencia, repita el proceso de vez en cuando.

2) Variar las recompensa.

Hay algunas estrategias para que la selección de recompensas sea más eficaz. Una de ellas es variar las recompensas para que no pierdan su atractivo
Seleccione varios tipos diferentes de recompensas del repertorio que se ha extraído de los cuestionarios. Posteriormente, alterne las recompensas materiales con actividades y privilegios especiales. Por ejemplo, regalarle algo que le guste o salir a jugar o al parque.

3) Cumplir siempre.

Se deben entregar siempre las recompensas inmediatamente. Para el niño, el incumplimiento o el retraso al entregar una recompensa prometida, suponen una traición. No se deben hacer promesas que no se pueden cumplir.

4) Recuerde: se necesita tiempo.

El modificar la conducta de un niño requiere tiempo y también la motivación adecuada. Al principio, hay que recompensar cualquier progreso, usando la recompensa para dar forma a la nueva conducta. Posteriormente, se requerirán menos esfuerzos para mantenerla.

Los padres han de definir con exactitud lo que quieren que el niño haga más a menudo. Con la máxima precisión que sea posible, se debe definir qué debe hacer para obtener la recompensa. No hay que decir «Debes ser más responsable» sino: «Por favor, hazte bien la cama por las mañanas».
Recompense los progresos iniciales con recompensas inmediatas o diarias. La capacidad del niño de adquirir premios debe ser el doble al inicio del plan. La primera vez que guarde correctamente sus juguetes, puede ser recompensado con una pegatina, además de un punto de una recompensa que vale cinco puntos.
Utilice marcas o estrellas en un gráfico para anotar los puntos, o deje que el niño coloree una parte de un cohete. Las medidas visuales son más importantes cuanto más pequeño es el niño.
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Incremente gradualmente los requisitos, a medida que el niño haga progresos. Por ejemplo, si la meta es que el niño ordene los juguetes en su sitio cuando haya terminado de jugar, al principio hay que darle una recompensa inmediata cuando ordene un juguete.
Cuando ya haya obtenido varias recompensas, habrá que cambiar el criterio, para que tenga que ordenar dos o tres juguetes para obtener la recompensa. Con el tiempo, hay que ir incrementando lo que se espera del niño todavía más para dar forma a la conducta del niño, pero no hay que hacer cambios demasiado rápidos.
No hay que aceptar un comportamiento mediocre una vez que padres y niño han aceptado la apuesta.
Hay que ir eliminando gradualmente las recompensas diarias. Entregue las recompensas diarias en días alternos, y después del tercer día, hasta llegar a recompensar sólo excepcionalmente. Mientras tanto se debe elogiar y dar ocasionalmente pequeñas recompensas para reforzar la nueva conducta.
Comience a dejar la fase de las recompensas para sustituirla por las consecuencias naturales y el reconocimiento. Cuando los padres están seguros de que la nueva conducta se ha convertido en un hábito positivo, deben sustituir las recompensas por consecuencias naturales positivas y mantenerlas con su reconocimiento.

5) Centrarse en una sola conducta (o conductas asociadas) cada vez.

Es más imposible cambiarlo todo de golpe, y el intentarlo agobiaría a todos los implicados. Tomar un problema cada vez, e ir añadiendo los otros de forma apropiada.
Por ejemplo: Un niño que se levante tarde, no quiera hacerse la cama y después no le quede tiempo para desayunar. Primero se debe atajar el problema de levantarse tarde. Cuando empiece a levantarse regularmente, con el despertador, se añade al gráfico el hacer la cama y el criterio para ganar un punto. Cuando dichas conductas sean modificadas, se añade el desayuno a la lista.

6) Ser muy firme hasta que la conducta haya quedado establecida.

Hay que tener fe en el gráfico, no hay que olvidarlo ningún día, hay que reforzar la nueva conducta con muchos elogios y consecuencias naturales. Cuando el nuevo hábito haya quedado establecido, ir retirando las recompensas.